Ulises o la importancia de escuchar con empatía


Me contacta una persona por Ulises. Les cuento la cronología. “Ulises es un perro rescatado, en marzo se cumplirán 2 años, cuando lo encontré, tenía una infección perianal y su cola automutilada. A medida que pasaron los días, noté que algo no andaba bien en su conducta, gruñía mucho, a veces a la nada. Decidí consultar con una veterinaria etóloga, le diagnosticaron trastorno disociativo, presentaba conductas compulsivas principalmente atacar su cola, raspar el piso, perseguir reflejos y sombras. Ladraba mucho, no me dejaba acercarme, me gruñía, era posesivo con su comida, juguetes, y cucha. Todas las veces que intentamos sacar su collar isabelino, terminó lastimándose. Por suerte, ha mejorado mucho (ya lleva un año de medicación), ha bajado mucho su ansiedad y está mucho más tranquilo. La convivencia ha mejorado mucho, igualmente, muchas veces siento que no lo entiendo y creo que esto podría ayudarnos a convivir mejor.” Esto dijo Ulises: “Entiendo que ustedes quieran protegerme con esta cosa que tengo en la cabeza, pero es sumamente incómodo para mí. Y la ansiedad, aunque más moderada, sigue estando. Me siento un poco solo. Esta es mi primera encarnación como perro, estoy aprendiendo muchas cosas por primera vez y todo me cuesta bastante. Hay cosas que no entiendo, me ponen nervioso y el nerviosismo me abruma y sobrepasa. Y me defiendo. Lo que hago es defensivo. Lo que necesito internamente es sentir un pilar de apoyo, de sostén. Sentir que estás energéticamente sosteniendo, con templanza y equilibrio, este subeybaja emocional para mí. Yo estoy aquí, conectado con vos. Aprendiendo de vos; todo lo absorbo, porque todo es nuevo. Todo es mucho, enorme. Te necesito como mi sostén. Apoyarme emocionalmente en vos.” Preguntas: ¿qué te pasó? Como te dije, esta es mi primera encarnación como perro. Es posible que en los primeros años de mi vida haya tenido experiencias feas y traumatizantes. Y todo fue siempre mucho. Es como si fuera un ser extremadamente sensible para el que todo, absolutamente todo, es demasiado. Me abruma. (Te sugiero que investigues un poco sobre el espectro del trastorno autista, porque esa es la sensibilidad que él siente. Todo es enorme y mucho para él.) ¿Qué necesitas de mí? ¿Cómo puedo ayudarte? En primer lugar, necesito que me tengas paciencia, que puedas entender lo que me pasa internamente y practiques mucho la empatía. Seguramente tuviste a lo largo de tu vida (quizás al principio) algunas situaciones en las cuales necesitaste la empatía de tus personas mayores de referencia y esta no estuvo. Porque no te vieron, o no te entendieron. Eso me pasa a mí ahora y me pasa para que puedas reparar eso que te pasó de niña. Que puedas reconocer empáticamente las emociones, sensibilidades y sensaciones del otro y acompañar eso sin juicio, sin miedo y amorosamente, como vos necesitaste. Me ayudaría mucho también poder usar “legítimamente” mi mandíbula para bajar mi ansiedad. Me encantaría roer huesos crudos (eso si no le resulta en estreñimiento, solo atención a eso). Huesos de vaca grandes y frescos cuando te vas, así me entretengo y eso me ayuda a bajar la ansiedad inmensa. A veces siento que te duele algo o que hay algo que te molesta, si es así, que te duele? Va a parecerte raro, pero lo que me duele es el alma. Por la dificultad de hacerme entender. Es un poco una especie de sensación de impotencia que no sé cómo atravesar, de poder expresarme y ser entendido. Y como no me entienden, reacciono. ¿Por qué en los paseos te quedas parado sin querer caminar? Porque en esos momentos, probablemente vos no te des cuenta, algo me impacta, del exterior. Y me paraliza. Insisto en que es mucho todo. Quizás podrías ayudarme dándome contención (te voy a dar el dato de unas camisetas especiales para eso, que son sumamente efectivas). Y respetando mis tiempos. Necesito bajar los niveles de sensibilidad para poder caminar tranquilo sin que todo me invada como un trueno desde afuera. ¿Por qué raspas el piso? ¿Por qué muerdes los muebles? Es la misma ansiedad que siento, que se manifiesta en todos los ámbitos. Ponme esa camiseta y ayúdame haciendo juegos de olfato (más abajo te explico cómo). ¿Por qué cuando viene alguien a mi casa se pone tan nervioso? Todo tiene que ver con lo mismo. Tienes que darte cuenta de que no es solo TU casa, es NUESTRA casa. Y el lugar que muchas veces necesito como espacio de calma y seguro, se ve invadido por otras energías y ni siquiera me avisas. Simplemente vienen. ¿Podrías avisarme y prepararme para cuando vengan personas a casa? Y quizás cuando venga alguien puede saludarme con suavidad, hablando bajo, sin querer tocarme. Solo reconociendo mi presencia, el hecho de que la casa también es mía. Y me invaden mi lugar seguro. Y quizás me puedan ofrecer alguna golosina para que los asocie con algo bueno. Podría quizás ser una buena idea, tener adentro de casa una especie de cuchita con techo para que yo pueda refugiarme si necesito aislarme. Con mi manta, con algo con tu olor, adentro de tu habitación. De modo que si alguien viene y para mí es mucho, yo puedo usar mi lugar mientras ustedes departen. ¿Por qué a veces te quedas mirándome y lloras? ¿Qué quieres decirme? Creo que es lo mismo que vos hacías cuando eras pequeña. Y no te escuchaban. Necesito estar cerca, sin invasiones, pero cerca. Que me hagas unos masajes de relajación, yendo de arriba hacia abajo, para contribuir a mi calma, desde lo físico, lo energético y lo emocional. ¿Por qué ha empezado a comer caca? Porque me falta algo en mi comida. Quizás podamos empezar a cambiar la alimentación por algo natural (lo mismo que comes tú, más algo de proteína animal. Más abajo te doy ideas también.) que tenga todos los nutrientes que mi cuerpo necesita. Sugerí algo de flores y homeopatía sintomática. A los pocos días de la comunicación, recibo este mensaje: “Hola Verónica! Quería contarte que Ulises ha cambiado un montón, ¡es impresionante! Está mucho más tranquilo; cuando le agarra ansiedad, le hablo despacio, le hago un cariño y se le pasa. Ya casi no raspa el piso y está mordiendo mucho menos los muebles. También estuve investigando cuáles son los síntomas que tiene los chicos con autismo y Ulises ¡tiene TODOS! Espero que siga así, el tema del collar isabelino todavía no puedo sacárselo. Es un miedo mío. Es muy feo verlo que se lastima y no poder hacer nada. Lo tengo que trabajar yo y cuando me sienta lista, lo haré. Cualquier novedad, te aviso. Un beso” Amo la magia que ocurre al escuchar al otro.

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© 2021 Verónica Kenigstein | Hablo con Animales

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