top of page

La eutanasia en los animales domésticos

  • 9 sept 2015
  • 3 Min. de lectura

Hoy me gustaría abordar un tema delicado. Daré mi opinión muy personal sobre el asunto. Cada uno, lo sé, hace lo que puede. Pero el conocimiento nos abre la puerta de la conciencia.

La eutanasia es el procedimiento a través del cual se ayuda al “buen morir”. “Eu” es bueno y “tanasia”, muerte. En la mayoría de las ocasiones, la decisión es tomada conjuntamente por el cuidador humano y el veterinario del animal sobre la consigna de que el animal está sufriendo.

Desde la perspectiva con la que trabajo, partiendo de la premisa de que el animal viene a nuestras vidas con una misión específica y concreta, la enfermedad y deterioro que sufre tienen un rol importante en ese aspecto, si llevamos nuestra conciencia a su significado. Creo que en la mayoría de los casos, una vez que el humano registra o trae a su consciente el para qué de esa enfermedad, qué sentido tiene esa desarmonía en el animal en términos del sistema familiar, el animal puede partir sin ayuda.

Entiendo la necesidad de evitar el dolor. A nadie le gusta sentir dolor, o conflicto. Sin embargo, el dolor tiene un propósito trascendente para detener la marcha acelerada en la que vivimos y sirve para ayudar a darnos cuenta. Es un grito desesperado del alma (propia o en este caso del animal) por avisar que algo está fuera de eje, en desorden o desarmonía. Y como no escuchamos, porque estamos apurados o preocupados o con la cabeza llena de pensamientos, el ser se las arregla para hacernos prestar atención. ¿Qué es necesario re-ordenar? ¿Qué podríamos hacer de manera diferente para que las cosas vuelvan a su cauce natural?

Los animales, como partes de la estructura familiar, son el fusible, los componentes más sensibles y vulnerables de todo el sistema. Imaginemos que vamos conduciendo el auto y se enciende una luz roja en el tablero. Lo que una persona sensata haría es detenerse y verificar qué está funcionando mal que hace encender la luz roja. No intentaría romper (o tapar) el tablero para que la luz se apague. Es decir, podría hacerlo, pero lo que está fuera de orden seguiría en problemas. Lo mismo ocurre con las enfermedades y el dolor, propios o de nuestros animales.

En nuestra cultura, lo que solemos hacer cuando algo duele, es tomar un analgésico para quitar rápidamente el dolor, en lugar de verificar cuál es la causa y trabajar sobre ella para resolverla. Reconozco que es difícil, claro. Cuando en el caso de los animales de los que somos responsables hay un dolor muy intenso, con lo difícil que resulta enfrentar la situación, muchas familias toman la decisión de terminar con la vida de ese ser (porque los analgésicos parecen ya no funcionar) para evitar el dolor tan intenso.

Propongo preguntarnos cuánto de ese dolor es la propia dificultad de enfrentar el tormento y la impotencia frente a lo que no tenemos poder de cambiar. En algunas situaciones no lo tenemos, en otras, sí. Pero pensemos también qué nos da derecho a decidir tomar la vida de alguien. ¿No estará ocurriendo lo que ocurre para algo?

Gracias a mi capacidad de comunicarme con los animales, en ocasiones en los que los humanos tomaron la difícil decisión de la eutanasia, supe que ellos no estaban listos para irse, porque todavía había cosas que necesitaban ayudar a reconocer en sus familias. Pero no dio tiempo de transmitirlo. Muchas veces, una vez que las personas se dan cuenta de lo que era necesario, el animal puede irse sin ayuda. En otros momentos (los menos), piden ayuda porque “ya están listos para irse”.

Mi propuesta es que seamos cuidadosos con la decisión de terminar con la vida de un animal por las razones que sean. Es posible preguntarles a ellos qué eligen. Qué tan difícil para ellos es atravesar su aflicción. Estando en su lugar, ¿no te gustaría que te preguntaran antes de hacerlo? Creo que podemos poner la intención en que el tránsito sea lo más amoroso posible, procurando para ellos la mayor calidad de la vida que les queda: sin internaciones, ni estrés de vías endovenosas (muchas veces la hidratación y nutrición oral o subcutánea alcanza y es menos invasiva), estar en lugares limpios, frescos y ventilados, silenciosos, ofrecer una compañía serena y emocionalmente lo más equilibrada posible.

Muchas veces por amor (juro que es emocionante) los animales, por resonancia energética, toman conflictos no completamente reconocidos de sus familias y dan su vida por ellos. Lo único que piden es conciencia. Para eso dan sus cuerpos en ofrenda amorosa. ¿Estamos dispuestos a ofrecerles ese acto de amor y conciencia a cambio?

Lic. Verónica Kenigstein

Terapeuta especializada en vínculos y comunicación interespecies

www.amorentrespecies.com

Comentarios


Recientes
Síguenos
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square
bottom of page